Formentera,
la isla mágica y cristalina, es algo más que el último
paraíso
del Mediterráneo o en el que gozar de unas simples vacaciones.
Rodeada de
paz, tranquilidad y un entorno medioambiental sorprendente conservado.
Los tonos de su paisaje y su increíble luz
resultan armoniosos y limpios. Una puesta de sol o una simple mirada
a la línea de conjunción que en el horizonte forma entre
el cielo y el mar, se convierte en un espectáculo único,
que por sí mismo ya justifica una visita a la isla.
Los paseos en bicicleta o a pie resultan
un privilegio al poderse realizar en plena libertad sin estar supeditado
a ningún tipo de aglomeración de tráfico.

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